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Carta del mes de Septiembre
Queridas hermanas hermanos y amigos todos: Como cada mes me
dirijo a vosotros con la ilusión de siempre,
de tener un momento para evaluar los acontecimientos pasados en los días
del mes de Agosto, habría para escribir
un libro, entre anécdotas y felicidad compartida entre amigos y familiares que
nos han acompañado en estas fechas tan entrañables y todo unido al gran cariño que todos le tenemos a Nuestra
Patrona La Virgen de las Mercedes. Vivir de cerca este fervor, no deja a nadie indiferente, cada día se nota como Nuestra Madre se vuelca con
nosotros derramando su gracia y su alegría, llenándonos de una felicidad que en
ningún otro lugar se puede encontrar.
Para conseguirlo solamente hay que dejarse llevar y estar cerca de Ella,
es la Madre de Dios y nos facilita el camino para estar al lado de su Hijo que
murió en la Cruz por nosotros, que sin su entrega no tendría sentido nada y
solo nos quedaríamos en el folclore.
Quiero agradecer a todo el mundo en
general y en especial los que venís de lejos, por acompañarnos, en estos días de
fiesta. Los de aquí, modestamente nos hemos volcado para haceros
el encuentro lo más grato posible. Estoy
pensando en el grupo de costaleros como se ha desvivido para llevar el paso con dignidad, aunque el grupo aun es pequeño tengo noticia
que se está ampliando gracias a la generosidad de la gente. Y que decimos de nuestro grupo Rociero como
se supera día a día y nos deleita con sus canciones, se el esfuerzo que estáis haciendo, tanto económico como dedicación
de tiempo en llevar el nombre de nuestro pueblo y de nuestra Hermandad, creando ya un lugar de respeto y prestigio
por donde quiera que pasa. Lástima que
nuestra Hermandad esté tan limitada de
recursos, a todos los hermanos sé que
nos cuesta el dinero hacerla funcionar,
quizá sea uno de los problemas,
también de las ventajas, porque
cada hermana o hermano la siente más suya.
Quiero que os sintáis orgullosos de nuestra Hermandad y de nuestro
pueblo La Virgen se ha volcado con nosotros y no le podemos fallar.
Para terminar quiero ser positivo y en
ningún momento ser pesimista -
La alegría de un hombre de Dios, de una mujer de Dios, ha de ser desbordante:
serena, contagiosa, con gancho…; en
pocas palabras, ha de ser tan sobrenatural, tan pegadiza y tan natural, que
arrastre a otros por los caminos cristianos.-
Sin más, recibís todos un
cariñoso saludo.
El Hermano Mayor: Luís Rodríguez
Gutiérrez
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